La reconstrucción de la CNT

por Polémica
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Entrevista a Luis EDO MARTÍN
En 2006, con motivo del treinta aniversario de la reconstrucción de la CNT, publicamos un dossier titulado "¿Qué fue de la CNT?" en el que procuramos hacer balance de los aciertos y errores cometidos en esas tres décadas y analizar las causas de los resultados finales.
Cuéntanos a grandes rasgos cómo fue el proceso que desembocó en la reconstrucción de la CNT.
El proceso de reconstrucción de la CNT a finales de 1975 y primeros meses de 1976 viene siendo analizado desde diversos puntos de partida. En algunos casos buscando argumentos que justifiquen las lamentables situaciones vividas por la Organización en los años sucesivos y que desembocaron en la escisión tras el V Congreso. Ha faltado, creo, un estudio en profundidad que sitúe esa reconstrucción en el más amplio proceso que vivió todo el Movimiento Libertario Español (MLE) en su conjunto, desde antes de finalizar la guerra y en los años posteriores hasta finales de la dictadura franquista
Es decir, creo que pasado el tiempo, se tiene la tentación de hacer proyecciones «ideales» de cómo se tendrían que haber hecho las cosas sin tener en cuenta la realidad, tanto interna como externa, sobre la que tuvimos que plantearnos esa reconstrucción.
Las enormes dificultades de la clandestinidad, junto con la brutal represión sufrida por el régimen fascista y los enfrentamientos internos, más los errores estratégicos cometidos, hicieron que en los inicios de 1976 ninguna de las organizaciones libertarias, que habían dado contenido al MLE tuviera una presencia operativa suficiente en la lucha social de aquellos años. Esa situación hizo que sobre el proceso de reconstrucción de la CNT, recayera aquel vacío formado por la discontinuidad y el corte generacional que produjeron los 40 años de dictadura, más la confusión ideológica, propia de aquellas circunstancias.
Los núcleos de militancia que aún seguían la lucha estaban desunidos, relacionados a través de varios Comités, cada uno con la pretensión de tener la autenticidad confederal, etc. Este fue uno de los aspectos más difíciles con el que se tuvo que contar y atender.
Así pues, la reconstrucción de la CNT se planteó desde lo que había, desde la realidad que la militancia de aquellos momentos la hacía posible, y con la convicción de que el propio proceso debería contribuir a superar esas divisiones internas y a integrar a las nuevas generaciones de trabajadoras y trabajadores, pero también a otros sectores de la sociedad como los estudiantes y otros que desarrollaban su militancia en los barrios, porque no había otras organizaciones libertarias que pudieran dar cauce a esos espacios de lucha ciudadana y todos teníamos la inquietud, y también las prisas, hay que decirlo, de sentirnos unidos en una organización libertaria.
Por lo tanto, se actuó sobre lo que había. y lo que había era, como ya he dicho, algunos Comités representativos de las diversas CNTs, desde los que se relacionaban los grupos de compañeros aún activos, con gran experiencia y valía personal, pero sin la suficiente presencia orgánica y de acción sindical, para que ninguno de esos Comités pudiera alzarse con el riesgo y la responsabilidad de plantear por sí solos la reconstrucción de la CNT. De otra parte estábamos las pequeñas organizaciones, algunas con manifiesta voluntad de pertenencia anarcosindicalista y de trabajo de reconstrucción sindical, como era el caso de la Federación de Grupos de Solidaridad y otras que ya mencionaré, mayoritariamente de gente joven, que se habían ido formando desde mediados de los años sesenta, o antes en algunos casos, y los grupos y grupúsculos de afinidad ideológica con presencia en barrios, Institutos y Universidades.
Atendiendo a todas estas circunstancias y desde la convicción aceptada por todos de que era de primordial importancia conseguir recuperar la unidad de la Confederación, la reconstrucción se planteó invitando a todos los libertarios, en el bien entendido de que de lo que se trataba era de reconstruir la Confederación Nacional del Trabajo.
Tanto es así, que ya en la propia Asamblea Confederal de Cataluña del 29-2-76 se procedió a organizar por sectores de actividad a todos los que así lo manifestaron, aunque también se aceptaron las agrupaciones por barrios para los jóvenes, estudiantes, etc.
Se ha dicho que en esa forma de plantear la reconstrucción, estaba ya el origen de muchos de los problemas posteriores y es posible que así haya sido. No obstante, las circunstancias eran las que eran y si se hubiera procedido a una reconstrucción más marcadamente sindical, se hubiera dejado fuera gran número de compañeras y compañeros jóvenes y no tan jóvenes sin cauces desde los que proyectar su militancia libertaria.
De cualquier forma, hemos de aceptar que la equivocación y el error es un supuesto siempre presente en la acción. Claro que no aceptar esa posibilidad lleva la más de las veces a la inoperancia.
A finales de 1974 y durante todo el 1975 era ya un sentimiento extendido entre todos los grupos libertarios que se tenían que tomar iniciativas de cara a la reconstrucción de la CNT. Se precipitaban los acontecimientos tanto de orden político como sindical. Los planes del PCE en torno a alzarse con el monopolio sindical a través de una Central Única en base a la estructura de la Organización Sindical del régimen, parecían estar en el juego de las componendas políticas del momento.
La convocatoria podía haberse producido desde cualquier núcleo. Por lo que recuerdo, fue en la Federación de Grupos de Solidaridad desde donde partieron las primeras iniciativas tendentes a impulsar el proceso de reconstrucción y al efecto se procedió a tomar contacto con todos los grupos conocidos, tanto de jóvenes como de viejos militantes, a los que se transmitió esa propuesta. El resultado fue la formación de una Comisión Organizadora que se cuidó de los aspectos técnicos de la convocatoria de la Asamblea Con federal de Cataluña para la reconstrucción de la CNT.
Se repartieron 700 invitaciones y asistieron unos 500 compañeros, de los que 393 dejaron constancia de su actividad laboral, sindical o militancial, distribuidos como sigue: Actividades diversas, 82; Artes Gráficas, 14; Banca, 15; Construcción 14; enseñanza, 29; Espectáculos, 12; Metal, 16; Sanidad, 33; Textil, 11; Comarcas-barrios, 83; Grupos libertarios, 33 y estudiantes, 51.
¿Qué grupo o corrientes participaron?
Creo no equivocarme si os digo que participaron todos los núcleos libertarios conocidos en aquellos tiempos. En primer lugar se logró que participaran todas las tendencias en que se había dividido la Confederación, tanto del exterior y de los grupos con ellos relacionados del interior: Secretariado Intercontinental (SI), CNT -AIT; Frente Libertario, etc., como de los sectores jóvenes y los nuevos grupos y organizaciones: Federación de Grupos de Solidaridad, MCL, OLT, GOA, CGA, FSR, además de otros grupos de afinidad procedentes de barrios y la Federación Anarquista de Estudiantes, Rojo y Negro, etc.
La participación se produjo a través de los grupos más o menos cohesionados, por lo que la identificación de las corrientes en aquella situación es más problemática, eso vino después. Si bien, está claro, que en el trabajo que sobre el terreno se venía desarrollando por los distintos grupos y organizaciones, se podría ver que algunos como era el caso de Solidaridad, o los GOA –por poner un ejemplo– se habían dotado de una incipiente organización por sectores de actividad y podían sentir más imperiosa la necesidad de dotarse de una estructura sindical que otros grupos y colectivos para los que su experiencia vital estaba en otros espacios.
¿Qué peso e influencia tuvo el exilio cenetista en ese proceso?
Como ya he dicho la iniciativa de la reconstrucción partió de los grupos y sectores más jóvenes. Desde el acuerdo tomado por las nuevas organizaciones y grupos libertarios en el sentido de impulsar la reconstrucción de la Confederación, se formó un pequeño núcleo y se me encargó la tarea de contactar con todos los grupos y comités conocidos que se reclamaban de la CNT. Esta responsabilidad me llevo a entrevistarme con el Comité del la CNT adscrita o relacionada con SI ubicado en Toulouse. Esa reunión tuvo lugar en Terrassa en la que estuvieron presentes siete u ocho compañeros, entre los que ahora recuerdo a Padilla y Valero. Debo decir que fue una reunión larga y difícil, con muchas dudas, suspicacias y prevenciones, que costó ir superando y que no sé si se hubiera conseguido a no ser por la intervención del compañero Valero, que llegado un momento, después de haber escuchado un buen rato el debate sobre la propuesta que les transmitía y nuestra determinación a tirarla adelante con quién estuviera de acuerdo, tomó la palabra y volcó todo su buen sentido común de militante responsable y honesto, consiguiendo la aprobación de todos. Desde aquel momento tuvimos en Valero una ayuda fundamental. Lástima que muriera poco después. y lo mismo debo decir del compañero Padilla.
La relación con el sector de Frente Libertario se realizó a través del «grupo de los maños» con el que se relacionaban, Salicas, Costa, Casasus, José Cases, Matías González y otros compañeros como Torremocha, que ahora recuerde. Mención aparte merece Félix Carrasquer que por pertenecer a Solidaridad, ya había participado, desde el inicio mismo de la formación de esa Federación, en la orientación de todo su trabajo de difusión ideológica y formación sindical de esos grupos, hacia la reconstrucción de la CNT en el momento oportuno; y todos estábamos percibiendo que ese momento había llegado.
En la reunión que mantuve con este sector pasó algo parecido a la que tuve con los otros compañeros, sólo que en este caso todos los reunidos parecían estar de acuerdo excepto José Cases. Este compañero fue manteniendo objeción tras objeción hasta que aceptó la posición de la mayoría. También he de decir que desde aquel mismo momento en que el grupo tomó el acuerdo de incorporarse al proceso de reconstrucción, fue José Cases uno de los compañeros que con más dedicación y entrega trabajó en la preparación de la Asamblea Confederal de Cataluña y en el período inmediatamente posterior.
Así pues, la influencia del exilio yo la situaría en el período posterior, cuando ya se ve que hay nuevas posibilidades y entra en juego la dinámica de quién controla a quién. Pero esa es otra historia.
¿Qué debates se plantearon en aquellos primeros momentos? ¿Cuáles fueron los puntos de fricción que surgieron?
Después de la Asamblea y la designación del primer Comité de la CNT de Cataluña, el trabajo se centró en la organización de sindicatos y federaciones locales y comarcales.
Los debates que se plantearon en algunos sindicatos estuvieron relacionados con criterios de afiliación, que en algunos casos se llego a condicionarla a una especie de pureza ideológica y de negarles la afiliación a algunos trabajadores que habían mantenido cargo de representación en la CNS –los sindicatos del régimen–, desde los que, en algunos casos, se había entrado en confrontación con otros sectores de oposición y que ahora se volvían a encontrar.
Otro momento de fricción discurrió entorno a un posible acuerdo con UGT para reeditar la Alianza Sindical. Situado en el tiempo en que esta situación se producía, con la amenaza de la Central Única de Trabajadores promovida por el PCE y CCOO, parecía necesario hacer algún movimiento que animara a la UGT a oponerse a ese proyecto. El tema fue ampliamente debatido y no se llegó a una mayoría de apoyo suficiente, por lo que el tema fue soslayándose y los nuevos posicionamientos sindicales dejaron sin sentido esa operación.
También surgieron fricciones y conflictos derivados de la muy escasa formación sindical y casi nulo conocimiento de la organización, del cometido y funcionamiento de sus órganos de coordinación, de cómo debe conjugarse la autonomía básica de cada ente con la lealtad a los acuerdos tomados y la solidaridad y responsabilidad de todos hacia el conjunto de la Confederación, etc. A este respecto, me acuerdo que nada más formarse el primer Comité Regional, a las pocas semanas, se produjo la primera petición de dimisión proveniente de unos grupos de jóvenes compañeros que sin ninguna información previa, habían montado una manifestación en el centro de Barcelona con pancartas y banderas de la CNT que derivó en la consabida ruptura de escaparates y destrozos varios; todo ello sin ni tan siquiera haberse presentado la policía. A la mañana siguiente la prensa se despachó a gusto y puso a la CNT de chupa de domine. Hicimos una consulta rápida entre varios sindicatos y el Comité Regional acuerda sacar un comunicado dejando las cosas en su justo sitio. Pues bien, asumir esa responsabilidad de salir en defensa de la CNT, fue el pretexto para que se pidiera la dimisión del Comité Regional.
¿Cómo fue aquel período de clandestinidad tolerada hasta la legalización definitiva?
El asunto de la legalización planteó en la CNT, como en las demás organizaciones antifranquistas, la disyuntiva de forzar una legalización de hecho o «pasar por ventanilla». ¿Cómo se resolvió en la CNT?
Ese periodo fue apasionante en muchos aspectos. Teníamos una historia de lucha, de honradez y honestidad en la defensa de los intereses y las condiciones de vida de las trabajadoras y trabajadores de este país, pero carecíamos de todo lo demás. No teníamos medios, ni económicos ni de ningún tipo. No teníamos locales. Ni tan siquiera teníamos una máquina de escribir, y en esto la diferencia con otros sindicatos era abismal. También percibíamos que tras las componendas políticas que llevaron a los otros sindicatos con mayor presencia a las posiciones colaboracionistas que han venido manteniendo, el foco de prevención y aislacionismo se iba centrando sobre la CNT. Pero creo que, a pesar de ello, asumimos que esa clandestinidad tolerada no tenía que condicionamos y aunque con alguna precaución, acometidos los trabajos de organización como si con la formación de cada sindicato estuviéramos empujando un poco más los márgenes tolerados, ganando nuevos espacios de libertad, de asentimiento de hecho, que las nuevas situaciones políticas del país iban imponiendo.
El tema de la legalización se planteó más tarde y yo ya no estaba en la Comité Regional de Cataluña, por lo que sólo puedo daros una opinión personal. Creo que la disyuntiva de forzar una legalización de hecho o «pasar por ventanilla» sólo hubiera podido plantearse desde una posición conjunta de todas las centrales sindicales en presencia. En el momento que esa posición de clase, de movimiento obrero, era inviable y todos los demás sindicatos fueron pasando por la ventanilla, creo que a la CNT no le quedaba otra opción que la que tomó, la de pedir su legalización.
¿A qué atribuyes el éxito de la CNT en aquellos momentos y su capacidad de convocatoria después de tantos años de práctica desaparición?
En mi opinión, creo que funcionó una cierta recuperación de la memoria histórica, de la percepción que muchas trabajadoras y trabajadores habían conservado o les habían transmitido sus padres o abuelos, respecto a la CNT. A pesar de toda la propaganda del régimen fascista y de la permanente campaña de acoso y persecución que se habían mantenido durante todo el periodo de la dictadura, la CNT seguía siendo un referente de primera magnitud como sindicato radical y honrado en la defensa de los intereses de la clase trabajadora, no sujeto a las componendas de los partidos políticos y por todo ello autónomo.
Otro aspecto importante que seria injusto olvidar si se trata de explicar la capacidad de convocatoria de la CNT de aquellos primeros momentos, es el arrastre que ejercieron reconocidos militantes con experiencia en las luchas de aquellos años y que optaron por integrase en los sindicatos de la Confederación.
¿Qué errores fundamentales se cometieron a tu juicio en aquellos momentos?
Más que errores puntuales ante talo cual circunstancia, pienso que hubo un error de apreciación sobre el momento histórico que se vivía, sobre la situación general de la clase trabajadora y de la sociedad en general después de haber pasado cerca de cuarenta años de dictadura, sobre las prioridades que dadas esas situaciones era de sentido común que la Organización hubiera seguido. Faltó algún que otro ejercicio de responsabilidad, tanto de los viejos como de algunos nuevos y no tan nuevos militantes con carisma, para hacer frente a ciertos extremismos infantilistas que condicionaban la implantación de los Sindicatos y en algún momento monopolizaban (y no para bien) la imagen pública de la propia CNT. No se hizo todo lo necesario para abrir vías de debate y reflexión orientada a superar aquel estado de polarización sectaria que tanto daño ha venido haciendo a la Confederación. No pudo abrirse paso un elemental sentido estratégico, imprescindible para cualquier movimiento u organización social que se plantee impulsar procesos de transformación social.
En este sentido, quizás cueste creer, que en un periodo en que aparecieron tantos revolucionarios, apenas se aportara nada nuevo, ni en cuanto a teoría política revolucionaria, ni tampoco en el sentido –que tanta falta hacía– de hacer comprensible una idea de proceso hacia la transformación social, en el que el trabajo de base, sindicato de barrio, de movimiento social y ciudadano, de organización, de lucha por la mejora de las condiciones de trabajo, tienen su sitio y su trascendencia. Donde se fragua la rebeldía frente a la dominación, se construye un nosotros incluyente, plural y respetuoso con las distintas visiones en presencia y se organiza la solidaridad con nuestros iguales.
Creo que fue un error soplar a favor del viento y dar alas, en muchos casos interesadamente, a algunas corrientes «anti-organización» y anti-sindicales impregnadas de los discursos que impartían algunos santones del momento. Hubo cierta laxitud al enfrentarse a las prácticas excluyentes que traían algunos conversos. Se utilizó como anatema vergonzante la calificación de reformista por los llamados revolucionarios, aplicándose injustamente a muchos compañeros que fueron condenados al ostracismo y acabaron por abandonar la Organización, etc. etc.
¿Qué consecuencias tuvieron esos errores en el desarrollo posterior de los acontecimientos?
Sin querer eludir la pregunta, pero creo que la respuesta viene dada por la propia situación de la CNT y no sólo de la CNT. Yo diría que las consecuencias están a la vista si contemplamos la situación actual de todo lo que englobaríamos en lo que hemos venido entendiendo como Movimiento Libertario: Nueva escisión de la Confederación en dos organizaciones anarcosindicalistas, CNT y CGT, con una presencia en los centros de trabajo, por desgracia mínimamente testimonial por parte de la CNT y con mayor implantación de la CGT pero que difícilmente consigue el 10% de la representación sindical total, además de la existencia de otros problemas.
Si enfocamos la situación en el campo de las luchas antiglobalización o altermundistas, la de los nuevos movimientos sociales, tenemos la paradoja de que muchas de las ideas que alimentan a estos colectivos tienen una inequívoca raíz libertaria, lo que podría animar a un trabajo coherente y respetuoso con esa realidad, pero no hay ninguna instancia o espacio de confluencia aceptado y consensuado por cuantas organizaciones, colectivos o individuos que nos reclamamos y nos reconocemos como libertarios, desde la que poder comparecer y concurrir con ideas, propuestas y estrategias de transformación social a los nuevos espacios donde se está desarrollando la lucha anticapitalista en estos momentos. Otros, las corrientes autoritarias, reformistas o no, si lo están haciendo.
¿Cómo crees que se hubieran podido evitar?
Con algo más de sentido común, con más respeto hacia todos los compañeros aunque no coincidieran con la opinión «dominante» en cada momento.
Dicho esto, en sentido general creo que la respuesta a esta pregunta está contestada por todo lo que vengo diciendo. Pero sí quisiera añadir, que en mi opinión, se debería haber evitado la escisión. Digo que se debería, no me atrevo a afirmar que se podría haber evitado, dado que ocurrió en un tiempo en el que no participé directamente y quizá no disponga de toda la información. Mi opinión viene determinada por una cuestión de principios.
Me explicaré: Los compañeros mayores con los que tuve el privilegio de formarme, me enseñaron a ver la Confederación como el espacio de convivencia donde cabíamos todos los trabajadores unidos por el mismo hecho de ser explotados, a modo de ir prefigurando el federalismo de la sociedad del apoyo mutuo, libre, justa y solidaria. Indudablemente, como en cualquier organización y colectivo humano, también en CNT se tiene que organizar la convivencia, hay conflictos, afanes de poder, etc., y se tienen que adoptar decisiones y acuerdos, que una veces los compartirás totalmente y otras no, unas veces será mayoritaria tu forma de ver las cosas y otras no, una veces llegarán a los comités de relación y coordinación compañeros con los que te sientas más en sintonía y otras no, pero en cualquier caso será un fracaso colectivo y la negación más absoluta de aquellos principios, pretender dar solución a los problemas por la vía de las escisiones.
¿A qué factores atribuyes la decadencia de la CNT tras la ruptura en 1979?
En primer lugar a la ruptura misma. Con la ruptura se trasladaba un mensaje a las trabajadoras y trabajadores negativo, antidemocrático, de incapaces por no saber solucionar las diferencias aplicando los mecanismos de relación y toma de acuerdos de que tanto alardeamos, democracia directa, federalismo, autonomía de los sindicatos, etc. Fue como dejar al descubierto todas las miserias acumuladas en muchos años...
Por otro lado, no hay que olvidar que la ruptura se produce en unos momentos en los que las trabajadoras y trabajadores estaban tomando sus opciones de afiliación sindical y, como digo, la imagen que se les trasladaba de la CNT no animaba, no la hacía atractiva en absoluto.
También es cierto que hemos pasado unos años de cambios muy profundos en los sistemas productivos, en los procesos de acumulación capitalista, en la globalización de la economía, la liberalización de los movimientos de capitales, el brutal crecimiento de la especulación financiera, nuevas correlaciones de fuerzas a escala mundial, etc., fenómenos a los que no se les puede responder desde la rigidez, que exigen mucha cintura a las organizaciones sindicales, innovaciones en sus formas de lucha, trabazón con nuevos aliados y movimientos sociales para la lucha común y la ayuda mutua contra el poder económico a todos los niveles.
Otro aspecto que se podría analizar es en qué medida la no participación en las elecciones ha retraído la filiación y con ella una menor presencia en los centros de trabajo y en las contiendas sociales. Si ese sentido común del que vengo hablando estuviera más presente en nuestro quehacer, hubiera sido interesante abrir un debate, como el que propusimos desde Debate Libertario, en el que, ateniéndonos a ese respeto mutuo del que tanto alardeamos, propusimos unos encuentros de compañeros tanto de CNT como de CGT, donde se hubiera podido dialogar y analizar las experiencias y efectos -no todos positivos- acarreados por la decisión de participar en las elecciones que tomó la CGT, y la experiencia que ha proporcionado a los compañeros de la CNT su opción de no participar en dicha elecciones. La reunión se hizo y con bastante asistencia, pero en vez de debatir y analizar se aprovechó para insultar y ahí se terminó el debate.
¿Qué queda hoy de aquella CNT?
Si os referís a la CNT de la historia, la que soñamos reconstruir en 1976, no creo que quede mucho, lamentablemente. Queda el nombre, los sellos, los comités ... , y seguro que también quedan compañeros que aún mantendrán la esperanza en que es posible que las cosas cambien, con los que me uno fraternalmente, porque mientras existe ese atisbo de esperanza, siempre será posible que las ideas vuelva
Publicado en Polémica, n.º 90, marzo de 1007

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