MANIFIESTO CONJUNTO UGT-CNT. 1917


Tras la labor de protesta constantemente ejercitada por las organizaciones obreras contra los abusos de la administración y las corruptelas de la política que nuestro país padece, la huelga general del 18 de diciembre último, admirable ejemplo de eficacia de la organización y testimonio irrecusable de la capacidad creciente del proletariado español, habría debido producir alguna atenuación, al menos, de los males por todos reconocidos y continuamente denunciados.

Pero a pesar de nuestras advertencias serenas, de nuestras quejas metódicas y reflexivamente fundamentadas y de nuestras protestas, tal vez más prudentes y mesuradas de lo que exige la agudeza de los dolores que el país padece, es lo cierto que cada día que pasa representa para el proletariado una agravación creciente de la miseria ocasionada por la carestía de las subsistencias y por la falta de trabajo.

Ciertamente que si las privaciones a las que se ve sometido el pueblo español fuesen una consecuencia necesaria de la economía mundial, cuya solución no depende de nosotros ni de los elementos directivos de nuestra vida nacional, nuestras quejas serían absolutamente estériles y nuestras protestas no tendrían otra eficacia que la de imprecaciones más o menos vehementes contra los misteriosos destinos de la fatalidad.

Pero ¿habrá algún gobernante español que pueda afirmar en conciencia que las condiciones insoportables de nuestra vida, agravadas sin duda por la guerra, no son consecuencia de un régimen de privilegio, de una orgía constante, expresión de una desenfrenada inmoralidad que encuentra en los organismos públicos el amparo y la defensa que debían prestar a la vida del pueblo?

Las luchas provocadas por la competencia entre los diversos grupos de explotadores de la vida de la nación pueden dispensar al proletariado de hacer la crítica del régimen vergonzoso que padece España.

Las denuncias diarias de la prensa, los abusos que descubren las públicas discusiones de las asambleas, la labor misma de las Cortes, tan estéril para el bien como reveladora de crecientes impurezas, son los folios de un largo y complicado proceso cuya sentencia habrá de ser dictada y cumplida por el pueblo, como juez inapelable.

Todos los días, la prensa ofrece el testimonio de la preocupación de los gobernantes ante las complicaciones de los problemas presentes. ¿En qué se gasta su actividad que sus resultados beneficiosos no llegan nunca al pueblo trabajador? Todos esos esfuerzos de los gobernantes, el pueblo sabe bien que se gastan en un empeño imposible de armonizar los intereses privados opuestos, que encuentran en los momentos más angustiosos de la vida nacional la ocasión más propicia para aumentar sus ganancias.

Las empresas de ferrocarriles, las compañías navieras, los mineros, los fabricantes, los ganaderos, los trigueros, los múltiples acaparadores e intermediarios, los trust que monopolizan los negocios en las grandes poblaciones, los gremios degradados y degradantes, todos representan intereses particulares, que hallan amparo y protección en los poderes públicos, mientras el pueblo emigra o perece.

Y no es posible seguir ya engañando al país con discursos más o menos brillantes, ni con preámbulos de leyes cuyo articulado desmiente las propias ideas proclamadas por los ministros en la Gaceta.

En la presente y crítica situación ya ha visto el pueblo lo que ha quedado de las promesas de reforma de la economía nacional. Continúan las eternas ocultaciones de riqueza, los más llamados al sostenimiento de las cargas públicas siguen sustrayéndose al cumplimiento de ese deber de ciudadanía, los beneficiados con los negocios de la guerra ni emplean sus ganancias en el fomento de la riqueza nacional, ni se avienen a entregar parte de sus beneficios al Estado, y el gobierno, débil con los poderosos y altivo con los humildes, lanza a diario contra los obreros a la Guardia Civil, mientras prepara empréstitos de transformación de la Deuda y ofrece a los capitalistas una colocación lucrativa a sus fondos ociosos, so pretexto de promover obras públicas que jamás se realizan.
Y si de los pomposos ofrecimientos de reformas económicas y de promoción de obras públicas no queda más que el rumor de vanas palabras, ¿para qué ha servido la ley de Subsistencias, como no sea para revelar la dependencia vergonzosa en que se halla el gobierno con respecto a las agrupaciones gremiales más conocidas y más odiadas por los consumidores?

¿De qué nos vale formular un día y otro nuestras quejas, y de qué nos sirve el reconocimiento de la justicia de nuestras demandas por los mismos hombres que ocupan el Poder, si no logramos nunca vislumbrar el remedio de nuestros males?

La impotencia de los poderes públicos para resolver los problemas vitales de la nación la está proclamando la acción militar en Marruecos, sangrienta y vergonzosa ruina de España, por todos los gobernantes censurada, pero por todos igualmente mantenida.

Después de las prolijas discusiones a que la acción de España en Marruecos ha dado lugar, a nadie se le oculta ya que esta reincidencia de los poderes públicos en los antiguos errores bélicos, militaristas y dinásticos bastaría por sí sola para provocar por parte de la nación la más violenta de las actuaciones contra los causantes de su desgracia.

Estos males, percibidos a diario por el proletariado, han formado en él, tras una larga y dolorosa experiencia, el convencimiento de que las luchas parciales de cada asociación con los patronos, asistidas por la solidaridad de los compañeros de infortunio, no bastan a conjurar los graves peligros que amenazan a los trabajadores.

El proletariado organizado ha llegado así al convencimiento de la necesidad de la unificación de sus fuerzas en una lucha común contra los amparadores de la explotación erigida en sistema de gobierno. Y respondiendo a este convencimiento, los representantes de la Unión General de Trabajadores y los de la Confederación Nacional del Trabajo han acordado por unanimidad:

1º. Que en vista del examen detenido y desapasionado que los firmantes de este documento han hecho de la situación actual y de la actuación de los gobernantes y del Parlamento; no encontrando, a pesar de sus buenos deseos, satisfechas las demandas formuladas por el último congreso de la Unión General de Trabajadores y Asamblea de Valencia, y con el fin de obligar a las clases dominantes a aquellos cambios fundamentales de sistema que garanticen al pueblo el mínimum de las condiciones decorosas de vida y de desarrollo de sus actividades emancipadoras, se impone que el proletariado español emplee la huelga general, sin plazo definido de terminación, como el arma más poderosa que posee para reivindicar sus derechos.

2º. Que a partir de este momento, sin interrumpir su acción constante de reivindicaciones sociales, los organismos proletarios, de acuerdo con sus elementos directivos, procederán a la adopción de todas aquellas medidas que consideren adecuadas al éxito de la huelga general, hallándose preparados para el momento en que haya de comenzar este movimiento.

3º. Que los abajo firmantes, debidamente autorizados por los organismos obreros que representan, y en virtud de los poderes que les han sido conferidos por la clase trabajadora, se consideran en el deber de realizar, en relación con las diversas secciones, todos los trabajos conducentes a organizar y encauzar debidamente el movimiento, así como también a determinar la fecha en que debe ponerse en práctica, teniendo en cuenta las condiciones más favorables para el triunfo de nuestros propósitos.


La Correspondencia de España. Madrid, 28 de marzo de 1917.

REVOLUCION 13 DE AGOSTO DE 1917

El 13 de agosto de 1917 con la proclamación de la Huelga General Revolucionaria, se inicia en España un movimiento revolucionario que resultó ser precursor del movimiento también revolucionario bolchevique que terminó con la Monarquía Zarista y que dio lugar al nacimiento de la Unión de República Socialistas Soviéticas (URSS): la Revolución de Octubre de 1917 en San Petersburgo.
La Revolución de 1917 en España se inicia con numerosas huelgas, bien coordinadas en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia y Bilbao. El movimiento revolucionario es especialmente violento en Madrid y en el medio rural.
A comienzos de 1917 los síntomas de la economía española hacían presagiar lo que se iba a producir meses más tarde. Una floja cosecha de trigo y la crisis industrial, hacen que se produzcan enfrentamientos revolucionarios en la base social agrícola e industrial de España. El aumento de precios durante los primeros meses de 1917 fue desproporcionada; y la batalla de Vedún parecía indicar falsamente final de la Gran Guerra y el miedo a la pérdidas de pedidos industriales acrecentaba la recesión económica. Para completar el panorama, el 15 de marzo, abdica el Zar en Rusia y se inicia la etapa burguesa de Kerenski, que terminaría desembocando en la revolución de los soviet en octubre.
El PSOE y la CNT lo tuvieron fácil gracias al desprestigio del gobierno del conservador Eduardo Dato. El gobierno era incapaz de dar respuesta adecuada al clima de desorden y enfrentamiento motivados por las huelgas revolucionarias organizadas por los agitadores socialistas y anarquistas.
revolucion 1917
La detenciones fueron numerosas en agosto de 1917

Los sindicatos militares, organizados en las Juntas de Defensa, también tuvieron influencia en el movimiento revolucionario. Estas organizaciones reclamaban mejores condiciones económicas y cambios en el sistema de ascensos en el Ejército y la Armada. Los cuarteles estaban muy infiltrados por los activistas socialistas y había un estado evidente de insubordinación.

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Enfrentamientos entre revolucionarios y el ejército en agosto de 1917

Para terminar de cuadrar el ambiente revolucionario, la situación social de obreros y campesinos era muy penosa. En tal estado de cosas, fundamentalmente los dirigentes del PSOE y ciertos sectores anarquistas, influidos ya unos y otros de una nítida tendencia hacia las soluciones de carácter revolucionario, tal y como se venían propugnando en Rusia, creen llegado el momento de dar el paso definitivo y lo hacen a través de las huelgas parciales y sectoriales que concluyen en la proclamación de la huelga General Revolucionaria en toda España.
El PSOE apoya la huelga general revolucionaria . Su fundador y dirigente, Pablo Iglesias, defensor del marxismo puro, la lucha de clases, el Manifiesto Comunista, la dictadura del proletariado, la destrucción de la Iglesia, el Ejército, los Jueces, etc. , no tuvo reparos en apoyar la huelga general revolucionaria en medio de un clima de crisis y de crispación social casi sin precedentes .

revolucion 1917
Las tropas en la calle en la Revolución de Agosto de 1917

Lo relevante y peculiar de este movimiento no son los fines laborales, ni mucho menos, sino claramente políticos, pues no es el de 1917 un movimiento reivindicativo de origen y finalidad social, sino que bajo tal apariencia sus fines son la toma del poder, el derrocamiento del régimen monárquico y su sustitución por otro de claro matiz revolucionario.
El 27 Marzo1917,se publica un manifiesto de  socialistas, anarquistas,  las Juntas Militares de Defensa y los catalanistas de Cambó. En la proclama firmada por sus líderes y distribuida por toda la nación se dice textualmente que el objetivo de todos los paros, manifestaciones y enfrentamientos es:
“...la constitución de un Gobierno provisional que asuma los poderes ejecutivos y moderador, la elección de Cortes constituyentes..... y en definitiva, el cambio completo de régimen....”
Se trataba de destruir el sistema legalmente establecido, es decir, la Monarquía, a través de la violencia y la presión en la calle, para instaurar otro sistema distinto, de claro matiz revolucionario y bolchevique. En Rusia ocurrió lo mismo dos meses después.
el comité de huelga .revolucion 1917
El comité de huelga que dio lugar a la crisis de 1917: Besteiro, Anguiano, Saborit y Largo Caballero (sentado)

19 Julio 1917. Se disuelve la Asamblea de parlamentarios. Se detiene al comité de Huelga ( Saborit, Besteiro, Largo Caballero y Anguiano). Otros dirigentes republicanos como Leroux se escondían y huían fuera de España. Los catalanistas de Cambó se arrugaron y cínicamente condenaron a anarquistas y socialistas.
13 Agosto 1917. Huelga general en toda España.
17 de Agosto de 1917 está controlada la situación, las fuerzas de seguridad y del Ejército devolvieron la calle a la legalidad vigente . Es verdad que la mayoría de la población no secundó las huelgas e, incluso, algunos grupos de jóvenes “mauristas” se organizaron en torno a José Calvo Sotelo, quien irá adquiriendo gran importancia con el paso de los años, oponiéndose abiertamente a los huelguistas y colaborando de manera activa en impedir el colapso total de los servicios públicos y de suministro de artículos de primera necesidad, reventando la eficacia de los paros obreros de transportes y abastecimientos en alguna que otra ciudad. El gobierno actuó con celeridad y los dirigentes del comité de huelga entraron en la cárcel.
comite de huelga 
Anguiano, Largo Caballero, Besteiro y Saborit, acabaron en la carcel

El balance de este organizado levantamiento revolucionario fueron 100 muertos de los cuales una treintena lo fueron en Barcelona, catorce en Madrid y cerca de veinticinco en Bilbao. Son detenidos y condenados a cadena perpetua sus líderes más destacados , aunque como tantas otra veces, indultados más tarde por el siguiente Gobierno.
Los socialistas Julián Besteiro, Anguiano, Saborit y Francisco Largo Caballero tuvieron un debut político no muy deseable. Sus argumentos no estaban basados en el diálogo, la tolerancia y el respeto a la legalidad, sino que lo hicieron como agitadores, justificando la violencia . Esta actitud permanecería en los dirigentes del PSOE incluso tras la caída de la Monarquía en 1931.
En Rusia, en octubre del mismo año, sí triunfa el movimiento revolucionario de Lenin . Tras una sangrienta guerra civil , los bolcheviques toma el poder y seguirán después de sangrientas purgas y persecuciones de sus enemigos, adversarios o simplemente ciudadanos sin filiación política, convertirán a Rusia en la URSS y en la cuna de la dictadura del proletariado.
revolucion 1917

Noviembre 1917. Campaña a favor de amnistía de los revolucionarios. Fueron elegidos concejales por Madrid los 4 miembros del comité de huelga. El sistema constitucional sirve para burlar la acción de la justicia.
Febrero 1918. Disolución de las Cortes y convocatoria de elecciones. Intensa campaña a favor de amnistía de los revolucionarios. El sistema constitucional sirve para burlar la acción de la justicia. Son elegidos diputados Indalecio Prieto por Bilbao, Besteiro por Madrid, Anguiano por Valencia, Saborit por Asturias y Largo Caballero por Barcelona. El sistema trató con benevolencia a los revolucionarios (anarquistas, socialistas, catalanistas y republicanos), pero no se integraron  en el sistema. El nuevo parlamento queda repleto de grupúsculos políticos, obteniendo actas de diputados Indalecio Prieto y los cuatro miembros del PSOE del Comité organizador de la Revolución de 1917 . La paradoja convierte al sistema parlamentario español en una forma de gobierno cuando menos “peculiar” pues los presos de un día, serán diputados al siguiente y viceversa.

Las acciones revolucionaras continuaron en 1918 cuando tienen lugar en España las huelgas de panaderos de Madrid y sobre todo la de funcionarios de Correos y Telégrafos que obliga al Gobierno a disolver este cuerpo de funcionarios, dejando durante días a España con sus comunicaciones afectadas . Esta decisión sería luego revocada por el nuevo Gobierno en los ya frecuentes cambios bruscos de dirección de los Ejecutivos que se sucedían en aquellos años.
tranvia vigilado por el jercito 1917
Tranvía vigilado por el ejército en las calle de Madrid

fuente

LA HUELGA DE 1911 EN BIZKAIA



En mayo de 1890 Bizkaia vivió la primera huelga general obrera, que conmocionó a la opinión pública de la época, aquella gran huelga inauguró lo que se llamó “el periodo de las grandes huelgas de Bizkaia”, entre 1890 y 1910 la provincia conoció cinco huelgas generales de amplia dimensión.

El proceso acelerado de crecimiento económico, que se produce por la masiva extracción y exportación del mineral de hierro, la rápida industrialización en las factorías que se instalan en una de las márgenes de la ría, dieron lugar a una espectacular concentración obrera en un área de dimensiones muy reducidas.

En Bizkaia existía una gran concentración obrera, la prensa de Bilbaina cifraba en más de 25.000 trabajadores en las zonas minera y fabril de la provincia,

En la minas de Bizkaia las condiciones de vida eran de autentica esclavitud, los mineros tenian que alojarse en inmundos barracones (también se les llamó “cuarteles”) o de pupilos en casas de capataces, una queja repetida por los mineros era la de que al acercarse a las minas en busca de trabajo, había que preguntar al capataz si tenía cama para dormir, y comprar sus alimentos obligatoriamente en cantinas regentadas por éstos últimos.

Los patronos a traves de la Oficina de Información Obrera del Centro Industrial de Bizkaia, encargada de confeccionar las "listas negras" de los obreros a los que no había que contratar.

La prensa de la época afirmaba que las huelgas eran un fenómeno desconocido, cosa que no era cierta, ya se habían producido pequeños conflictos obreros “en 1872 los operarios de la fábrica de hierro Nuestra Señora del Carmen protagonizan una breve huelga; en 1884 hay otra de panaderos por cuestiones salariales; otra más de 100 mineros de la mina Unión en 1886, y una de canteros en 1888”.


  
Día a día miles de trabajadores y sus familias, se desenvolvian en una atmósfera cargada de materias volátiles, escaseaba el aire puro, sufrieron los efectos negativos de la proximidad de las fábricas, al tiempo que se desarrollaban largas jornadas de trabajo, mal remuneradas, padecieron carencias alimentarias.

Todo ello en un ambiente degradado en el que la higiene brillaba por su ausencia, las infraestructuras eran algo casi desconocido y la utilización de aguas contaminadas por filtraciones residuales industriales y domésticas era algo corriente. 
La situación de una barriada en 1.889 era de autentico escandalo, antihigiénica, se producia una aglomeración de habitantes en las casas por la escasez y carestía de las viviendas. Los primeros arrendatarios alquilan por una habitación por veinte pesetas al mes y por no poder satisfacerlos admitian a dos o más posaderos o uno o dos matrimonios. A los primeros les cobraban mensualmente dos duros, por cuidarles, la comida, la ropa y darles cama, con los segundos compartian de tres o cuatro piezas pequeñas en donde vivian diez, doce y más inquilinos. Como consecuencia en los barrios se producian infeciones de viruela, difteria y otras enfermedades infecciosas y contagiosas.

Habia habitaciones donde no se podía penetrar, por los olores fétidos y nauseabundos que despedian debido a la suciedad y la aglomeración de gentes que en ellas habitaban

Así, no resulta extraño la rápida propagación de enfermedades epidémicas (viruela, cólera, sarampión, tosferina, meningitis,…) y de enfermedades transmitidas por el aire (catarros, resfriados, neumonías, pulmonías, bronquitis,…), el agua y los alimentos escasos y en mal estado (gastritis, enteritis, diarreas,…).

Como consecuencia directa, el índice de mortalidad experimentó a finales del siglo XIX y principios del XX un elevado incremento siendo especialmente dramático entre la población infantil, la esperanza de vida en el área industrial de Bizkaia, disminuyó conforme aumentaba la saturación de sus cascos urbanos, asi como la miseria, la criminalidad, el alcoholismo.

En 1.900-1.906, Bizkaia tenía una tasa de 12,06% de defunciones por tuberculosis, mientras que Bilbao se situaba por encima con un 15,75%. 
Pronto esas carencias y necesidades de la clase trabajadora en materia de trabajo, alojamiento, sanidad, higiene,… chocaron con la opulencia de la burguesía, lo que suscitó numerosas protestas.

Los conflictos más graves que tuvieron lugar en Bilbao y sus inmediaciones, fueron sin duda los de 1910-1911, sobre todo los de 1911. La huelga que comenzara en el verano de 1910 reivindicaba una jornada de trabajo de nueve horas, y dada la excesiva intransigencia de los empresarios, recibió el visto bueno de la opinión pública.

Los trabajadores de las tipografias tambien pararon, mientras los propietarios eran protegidos por fuerzas de la guardia civil, para dar servicio a los diarios, de las derechas, que a la sazon publicarian arenas contarrias la huelga.

La reacción de la prensa, entre ellas la de La Baskonia fue muy distinta, ya que reprobaba la huelga, alegando su ineptitud para presionar a los empresarios: “Existe el convencimiento de que esas huelgas, provocadas por perturbadores profesionales, no son la vía más adecuada para solucionar las desavenencias entre los trabajadores y los patrones”. La Baskonia arremetia contra los trabajadores: “Esas personas desarraigadas se ven a sí mismas como gente extraña, y, llenos de ira, intentan herir a todo aquel que se muestra en desacuerdo”.

Entre tanto los trabajadores salieron en masa a las calles, se notaba una nutrida presencia del Ejército, el ambiente se iba caldeando, los diarios, propiedad de las clases adineradas, cargaban contra los huelgistas, para evitar que desde, los escasos, diarios de los partidos y sindicatos de izquierdas, se pudieran difundir consignas favorables a la huelga, se implantado la censura informativa, los enfrentamientos del Ejército con los trabajadores fueron constantes y las listas de heridos crecían sin parar.

La huelga afecto a todos los transportes quedando paralizados ambos lados de la ria, sin embargo los miembros de la burguesia vasca y los directivos de sus empresas, de los barrios de Getxo (Algorta, Neguri y Las Arenas), dispusieron de un remolcador, que desde los muelles de Ripa, les trasladaba a sus domicilios, mientras que los trabajadores eran apaleados, por cargas realizadas por la infanteria del ejercito, por dichos muelles y el Arenal Bilbaino.



En Septiembre de 1911 mientras que en Bilbao, margenes de la ria y la zona Minera, se iban sucediendo enfrentamientos entre los obreros y los militares que provocaron numerosos heridos, los trenes eran asaltados por los trabajadores para poder abastecerse de alimentos, por orden del Capitan General quedaban suspendidas las conferencias telefónicas con Bilbao, en Algorta el carro del pan que habia salido de Bilbao, para aprovisionar a los soldados de las Baterias, fue detenido por los huelguistas, obligandole a retroceder. Sin embargo con la llegada de la milicia a Algorta cesaron los “Somatenes” (cuerpo auxiliar del orden público en el ámbito rural, destinado a proteger los dominios de los grandes propietarios).

Apenas quedó declarada la huelga general, los obreros de las fábricas abandonaron él trabajo. Algunos intentaron asaltar las panaderías con el propósito de abastecerse, las fuerzas de seguridad cargaron a sablazos, provocando numerosos heridos, las tropas del regimiento de Garellano salieron del cuartel de San Francisco, el dia habia amaneció con las fábricas y talleres paralizados, a las diez de la mañana, numerosos grupos de huelguistas obligaron á suspender los servicios de ferrocarriles, impidiendo el tránsito rodado por el puente dé Vizcaya. 
Al mismo tiempo, un numeroso grupo de huelguistas, con objeto de impedir la circulación del tren de Portugálete que estaba dispuesto para conducir, tropas a Baracaldo, colocó rieles atravesando en la vía del muelle de Uribitarte. 
Los guardias municipales y de seguridad que prestaban servicio en el citado muelle trataron de retirar los rieles y despejar los grupos, ante la resistencia de los huelguistas, quienes les arrojaron piedras, hicieron uso de sus armas.
  
Los incidentes entra los bares y cafes eran constantes, los cafés no abrieron sus puertas por no haberse presentado los camareros, en vista de ello, los propietarios, en la reunión que celebraron aquella misma mañana, acordaron hacer contratos con camareros no asociados, dándoles un sueldo fijo y prohibiendo que perciban propinas, grupos de camareros, unidos á los carreteros recorrian los cafés, conminando á sus dueños a cerrarlos. El dueño del Café Inglés protestó de la coacción, promoviéndose un incidente. Acudieron guardias municipales guienes disolvieron a los grupos a bastonazos.


En Algorta los huelguistas intentaron cortar el cable internacional de Comunicaciones. Las de fuerzas de caballería, dieron una carga, consiguiendo dispersar los grupos de huelguistas.

Como no circulaban los tranvías de Santurce ni los de Las Arenas, los trenes de esa línea salian abarrotados de pasajeros, y el puente de Vizcaya hizo un negocio redondo.

Las clases empresariales ante el temor de verse desbordadas por los trabajadores, que estos pudieran conseguir una victoria politica, empezando por la Cámara de Comercio, los Bancos (Bilbao, Vizcaya el de Crédito de la Unión Minera), la Asociación de Navieros, la Liga de Productores, Altos Hornos de Vizcaya y todas las instituciones patronales del momento, ofrecieron su ayuda y dinero al gobernador militar de Bizkaia, este emitió un bando en el que declaraba ilegales todas las huelgas convocadas, después proclamamo el estado de guerra, añadiendo que se haría fuego sobre quienes no respetasen la ley marcial.

Para las 12 de la noche una compañía del regimiento de Garellano con banda de música, clarines y tambores, recorria las calles y plazas publicando el bando en que se declara el estado de guerra.


El lunes 18 septiembre de 1911 desde primera hora de la mañana los tranvías circularon, gobernados por ingenieros militares, quienes anteriormente habían hecho prácticas en ia Central Eléctrica para el manejo de los aparatos, marchando los vehículos a gran velocidad.

En estas condiciones la lucha obrera tuvo que parar, encontra de lo que la prensa local afirmaba, los diarios internacionales, sobre todo los franceses escribian en sus paginas que la misma habia sido “un movimiento democrático y republicano, que merecia las simpatías de los demócratas y republicanos del mundo entero”.

Cullera septiembre 1911

Una huelga contra el reclutamiento para la guerra de Marruecos acabó en asesinato - Siete hombres fueron condenados a muerte e indultados por clamor popular



De izquierda a derecha, El Xato de Cuqueta, autor de la muerte del juez y Jacobo López de Rueda, el juez de Sueca
De izquierda a derecha, El Xato de Cuqueta, autor de la muerte del juez y Jacobo López de Rueda, el juez de Sueca 


PEPI BOHIGUES, CULLERA El 18 de septiembre de 1911, una protesta obrera que empezó siendo una simple huelga, acabó con el asesinato del juez de Sueca y dos de sus subordinados a manos de los manifestantes. Los hechos se dieron a conocer incluso fuera de España e influyeron de forma importante en Cullera y Sueca.
El 18 de septiembre de 1911 era lunes. Las diferentes sociedades obreras y sindicatos de toda España habían decidido celebrar una huelga general en protesta por el reclutamiento forzoso para luchar en la guerra de Marruecos y Cullera no se mantuvo al margen. Los obreros de la ciudad cortaron las líneas telegráficas, levantaron las vías del ferrocarril, cerraron los diferentes negocios que había entonces en el pueblo para impedir que la gente fuera a trabajar e, incluso, impidieron que dos terratenientes locales fueran a ver sus arrozales, según cuenta el historiador Ricard Camil Torres.
El juez de primera instancia de Sueca, Jacobo López Rueda, fue informado de todo lo que estaba sucediendo en Cullera y decidió acudir a la población para poner orden. Se armó con una pistola y una coraza (chaleco) de cartón-piedra. Junto a él iban el secretario del juzgado, su hijo, un alguacil, un escribiente y un vecino de Cullera.
Según cuenta Torres, al llegar a la estación de Cullera el juez se encontró con Juan Jover, conocido popularmente como el Xato de Cuqueta. Junto a él estaba el jefe de la estación a quien los huelguistas habían impedido ir a Sueca para comunicar a la autoridad competente que las vías del tren estaban cortadas y no se podía restablecer el tránsito de trenes.
Encuentro con el Xato

El juez empezó a pedir identificaciones a los huelguistas y, como estos seguían levantando los raíles y otros huían del lugar, el magistrado sacó su arma. Entonces, se inició una discusión entre los huelguistas y el juez que acabó con la detención del Xato de Cuqueta y un tal Blanco, a los cuales hicieron subir a la galera (vehículo similar a la tartana) en la que iba el juez.

La galera entró en Cullera por la Calle Valencia, situada en el barrio obrero del Raval, y entonces la gente empezó a gritar «Que s´en duen els homes!», cuenta Torres. La noticia corrió como la pólvora y, cuando la galera llegó al centro de la población, la gente empezó a tirar piedras al vehículo. El Xato de Cuqueta y el Blanco aprovecharon para escapar.
«El juez de Sueca perdió los papeles e intentó imponer su autoridad disparando al aire», explica Torres, quien indica que la conducta del juez desató la furia de los huelguistas. El secretario del juzgado recibió una puñalada, aunque consiguió salvarse; mientras que el juez, el alguacil y el escribiente consiguieron esconderse en el ayuntamiento. El hijo del secretario se escondió en una casa.
El alcalde de Cullera, Joaquín Fenollar, y algunos concejales republicanos intentaron calmar a la gente y, cuando parecía que lo habían conseguido, entre las 2 y las 3 de la tarde, el juez de Sueca volvió a salir al balcón del ayuntamiento. López de Rueda preguntó a la multitud el motivo de su protesta y la gente respondió: «No volem la guerra».
El juez efectuó unos tiros al aire, «lo que enfureció más a la gente», cuenta el abogado y estudioso de los Sucesos de Cullera, Salvador Pedrós, y entonces los huelguistas asaltaron la casa consistorial. «Sacaron al juez a la calle y el Xato de Cuqueta le pegó un hachazo al juez en la cabeza», relata Pedrós, quien asegura que a continuación el Xato dijo: «A fet que l´he estrelat».
Aunque el historiador Santiago Pérez no tiene tan claro que fuera el Xato quien asesinó al juez. Pérez cuenta que «la muerte del juez se produjo de forma tumultuaria en el ayuntamiento». Después, «el Consejo Supremo de Guerra y Marina condenó, fundándose en las declaraciones prestadas, a doce de los acusados como coautores del asesinato del juez López de Rueda; Juan Jover fue uno de ellos y se le condenó también como coautor de los otros dos asesinatos», explica Pérez.
Ricard Camil Torres añade que el alguacil, Antonio Dolz, consiguió escapar y cruzar el río Xúquer, pero en la otra orilla los huelguistas lo atraparon, le ataron una piedra la cuello y lo lanzaron la río. Su cadáver fue rescatado al día siguiente.
El escribiente, Fernando Tomás, por su parte, murió en el hospital unos días después por las heridas que le infligieron. Uno de los acompañantes consiguió salvarse al esconderse en un diván del Ayuntamiento.
Campaña internacional: 50.000 firmas solicitando el indulto

Unos días después de los sucesos, los diputados republicanos Juan Barral y Félix Azzati visitaron la cárcel de Sueca, donde se encontraban los acusados y entonces se enteraron de que éstos habían sido torturados y, por eso, habían declarado cosas que no habían hecho, cuenta el historiador Torres. Los diputados se entrevistaron con el presidente del consejo de ministros, José Canalejas, e inmediatamente iniciaron una campaña de denuncia que tuvo eco a nivel internacional.

Periódicos como «´Humanité» y el «Daily News» criticaron la intención de condenar a muerte a los detenidos. Los anarquistas franceses y emigrantes españoles residentes en el país vecino repartieron panfletos criticando al juez de Sueca y denunciando las torturas sufridas por los detenidos. Además, se recogieron 50.000 firmas que pedían la conmutación de las penas de muerte, entre los firmantes estaba el escritor Benito Pérez Galdós, además de otras personalidades de la época.
El desencadenante del trágico final

Lo que empezó como una huelga la mañana del 18 de septiembre de 1911 acabó con el asesinato de un juez y dos de sus subordinados. ¿Qué desencadenó el trágico final? Los historiadores coinciden en señalar que la llegada de López de Rueda a Cullera y su actitud autoritaria, disparando tiros al aire, unido al hecho de las enemistades que tenía este magistrado con la clase obrera fueron factores clave.

Además, estamos hablando de una época en que la clase obrera luchaba contra elementos caciquiles y el juez representaba ese poder autoritario. Santiago Pérez indica que «aunque episodios similares se vivieron en España en los siglos XIX y XX, no creo que los hechos de sangre sean explicables solo en clave de cultura política propia de ese momento». Según este historiador, «a Jacobo López de Rueda se le atacó por su ejecutoria personal contra sindicalistas y republicanos, pero también por lo que representaba: era el garante de un orden social opresivo». Salvador Pedrós opina que «el juez nunca debería haber ido hasta Cullera para sofocar la protesta porque esa era la función de las fuerzas del orden público (…); si no hubiera ido no hubiera pasado nada», dice Pedrós.
A esta circunstancia hay que añadir el hecho de que el Xato de Cuqueta y otros de los condenados acumulaban ya un historial delictivo, por eso Santiago Pérez cree que «individuos concretos procesados por el juez pudieron también actuar por venganza personal».

22 procesados y 7 condenas a muerte

La decisión de Alfonso XIII de indultar al Xato de Cuqueta llevó a dimitir a José Canalejas al frente del Gobierno central


El historiador Ricard Camil Torres cuenta que, inmediatamente después de los Sucesos, 20 carabineros procedentes de la playa ocuparon el pueblo y algunos huelguistas empezaron a huir, otros se escondieron en la montaña y el resto se quedaron en sus casas. Se declaró el estado de guerra y, al día siguiente, el batallón militar de Las Navas ocupó Cullera. Los primeros detenidos fueron conducidos al cuartel de la Guardia Civil y, posteriormente a la cárcel de Sueca.
El alcalde de Cullera, Joaquín Fenollar, fue suspendido de su cargo e inhabilitado. Se le acusaba de haberse ido a cazar por la mañana, a pesar del clima de tensión que había en Cullera. Además, alrededor de 10 guardias municipales fueron detenidos o destituidos por «incumplimiento del deber» y «actitud sospechosa», cuenta Torres en el libro «Anarquisme i revolució, Cullera 1911». Una comisión gestora de cariz más conservador pasó a dirigir el Ayuntamiento.
Se llegó a interrogar a medio pueblo. Según figura en el libro de Santiago Pérez, «Cullera 1911, la protesta d´un poble», un total de 58 hombres fueron detenidos y liberados posteriormente sin cargos, mientras que otros 22 hombres fueron procesados. La Audiencia Provincial de Valencia se inhibió a favor de la justicia militar y el juicio empezó en Sueca el 7 de diciembre.
En un principio, se dictaron 7 penas de muerte. Pero el capitán general finalmente solo firmó tres: la de Juan Jover (el Xato de Cuqueta), Cecilio Sanfélix y Federico Ausina. El 12 de enero de 1912, el Consejo de Ministros indultó a dos de los condenados y, finalmente, el rey Alfonso XIII, decidió también indultar al Xato.
La decisión del rey provocó que José Canalejas, presidente del Consejo de Ministros, presentara su dimisión, pero el monarca no se la aceptó. 

El perfil de la mayoría de los acusados respondía al de jornaleros pobres y analfabetos. El historiador Santiago Pérez explica que, de la veintena de condenados que hubo finalmente, solo constan tres sindicalistas pertenecientes a la Unión Agrícola Obrera, la principal sociedad obrera de Cullera en 1911.

Quince de los condenados eran analfabetos y cinco, incluyendo a Juan Jover, tenían un perfil delictivo o antisocial. Doce trabajaban en el campo, la mayoría como jornaleros; había un albañil, un herrero y un carpintero; del resto no consta su ocupación.

El xato de cuqueta. El autor de la muerte del juez



Un hombre de los bajos fondos
Era labrador o jornalero, analfabeto y tenía 24 años cuando ocurrieron los Sucesos de Cullera. Todos los historiadores consultados coinciden en destacar que el Xato de Cuqueta no era un sindicalista ni una persona que destacara en los grupos políticos locales. Muy al contrario, «era una persona muy marginal», dice Torres. El historiador Santiago Pérez, cuenta que Juan Jover acumulaba, desde los trece años de edad, condenas por faltas y delitos como desacato, desobediencia o atentado a agentes de la autoridad, disparo de arma de fuego, lesiones, robo, y escándalo en la vía pública, algunos con reincidencia. «De estas conductas antisociales destaca el uso de la violencia y el desprecio a la autoridad», explica Pérez. Como ejemplo, señalar que, el 25 de diciembre de 1910, el Xato lanzó piedras a la puerta de un prostíbulo y fue multado por escándalo con 5 pesetas. El Xato de Cuqueta fue condenado a muerte, le fue conmutada la pena por cadena perpetua, pero salió de la cárcel en 1931 gracias a una amnistía.

Jacobo López de Rueda. El juez de sueca



Un hombre autoritario
Jacobo López de Rueda, juez de primera instancia del juzgado de Sueca, nació en Santiago de Compostela en 1870. El historiador Ricard Camil Torres, define al juez Jacobo López de Rueda como una persona «autoritaria y desequilibrada». En el artículo «Revolta a Cullera, 1911», Salvador Pedrós coincide en calificar al juez como «un hombre de claras tendencias autoritarias y de entendimiento ligeramente alterado». Pedrós aclara que se basa en los testimonios consultados y, por eso, toma estos datos como una indicación. «Desde que había muerto su mujer había dado pruebas de una auténtica alteración mental», cuenta Pedrós. Pero, además, los historiadores consultados coinciden en que López de Rueda ejerció una importante represión sobre el movimiento obrero. Como ejemplo decir que en 1909 cerró la sociedad obrera La Colmena y detuvo a algunos de sus miembros que fueron llevados al juzgado donde «fueron objeto de golpes y otros excesos mandados por el juez y realizados por el alguacil», cuenta Pedrós.

Cullera 1911. Un Levante no tan feliz

Destacadas personalidades como Pérez Galdós, Ramón y Cajal, Benlliure, Sorolla, Muñoz Degrain o Morote pidieron el indulto de los acusados


MANUEL CHUST En la mañana del 18 de septiembre de 1911, hace ahora cien años, Cullera era una población fantasmal. La mayor parte de sus vecinos habían secundado la huelga general promovida por sociedades obreras valencianas que se unieron a la convocatoria de la Confederación Nacional de Trabajadores en solidaridad con los obreros de Bilbao y contra la guerra de Marruecos. Huelga que contaba con el apoyo de los diversos partidos republicanos. Los motivos eran suficientemente conocidos: carestía, hambruna, explotación laboral, inexistencia de garantías sociales y políticas, desigualdad e injusticia social. Sin embargo, en estos años, a estas cuestiones, se unía el malestar por la subida de precios de los alimentos básicos, especialmente el notorio incremento del pan, agravado por el «odiado» sistema de consumos que afectaba a diario los precios de los alimentos básicos.
Además, desde hacía dos años, otra cuestión aunaba también el malestar de las clases trabajadoras y de las capas medias: la guerra de África. Pese a que el gobierno conservador, de Maura primero, y liberal, de Canalejas después, habían «tranquilizado» a la población diciendo que no llamarían a filas a reservistas, ambos incumplieron sus promesas y movilizaron a contingentes licenciados desde 1902.
A las razones estructurales se les unieron las coyunturales. El cóctel fue explosivo. Ya en el verano de 1909, en plena celebración de la Exposición Regional en Valencia, las autoridades valencianas repartían octavillas con la letra del Himno que el maestro Serrano había compuesto para la ocasión —después se convertirá en el Himno Regional— para que la población lo cantara tras los conciertos de las noches de julio. Y los valencianos empezaron a cantar… pero solo una estrofa que para ellos significaba «otra cosa»:
«Ja en el taller

i en el camp remoregen
càntics d´amor
himnes de pau».

Los cánticos de la estrofa fueron repetidos varias noches seguidas, por lo que al final acabó con la intervención de las fuerzas de seguridad dispersando a los «cantores» y prohibiendo el cántico las siguientes noches, estableciendo el estado de sitio una vez más y sacando las autoridades militares el ejército a la calle. La palabra Paz resonó una y otra vez hasta que se convirtió más que en una glosa del regionalismo valenciano en una reivindicación de la clase trabajadora valenciana que veía cómo sus hijos, maridos, padres y hermanos morían en una guerra cruel e injusta de la que los ricos se podían librar pagando la redención cifrada en 1.500 reales. Ése era el inalcanzable precio para la mayor parte de los valencianos de la redención, de la exención de ir a la guerra… de morir por la ¿Patria? Ése era también el diferente concepto que los valencianos tenían de la marca que por estos meses acuñó el regionalismo valenciano: «Levante feliz».
Ese verano de 1909 terminaría con la Semana Trágica de Barcelona y una cruenta represión que culminó con un maestro de la pedagogía de prestigio internacional como Ferrer i Guardia en el patíbulo, acusado de instigar las revueltas a través de su red de Escuela Moderna.

Dos años después, la situación lejos de mejorar, se agravó. Los pueblos de la Ribera, la Costera, la Safor y la Marina sufrieron especialmente estos problemas al acentuarse, de forma específica, la crisis del arroz.

La mayor parte de estas poblaciones secundaron la huelga general. Estaban literalmente hartos. Hoy diríamos también «indignados». Aconteció que en Cullera ocurrieron los «hechos» más dramáticos y luctuosos. Pero bien pudieron acontecer en Carcaixent, Alzira, Dénia, Xàtiva, Silla, Gandia o Alberic, por citar solo algunas poblaciones en donde la huelga se transformó en revuelta. 

En Cullera ocurrió que Jacobo López Rueda, juez de primera instancia del distrito judicial de Sueca, al enterarse de que el comité de huelga había cortado los accesos a la ciudad e impedía la salida de reservistas, al igual que en otras poblaciones, enroló en un coche a su propio hijo, a sus ayudantes y a los hijos de uno de ellos y se fue a la población cullerense. En la entrada de Cullera se encontraron con un piquete huelguista y tras un enfrentamiento detuvo a dos de ellos y los subió al carruaje. Uno de ellos era un vecino muy conocido en la población: el Xato de Cuqueta, que posteriormente tendrá una destacada participación en los acontecimientos.

La comitiva judicial se adentró con los detenidos en el pueblo. De inmediato, autoridad judicial y detenidos fueron reconocidos por los piquetes y la población, que estaba en la calle apoyando el movimiento contra la guerra. Numerosas personas rodearon el carruaje con el objeto de liberar a los detenidos. Y de la liberación se pasó a la ira. El secretario y el alguacil resultaron muertos en la refriega. Los demás pudieron refugiarse en el ayuntamiento. La Guardia Civil, movilizada por el gobernador militar para «sitiar» la ciudad de Valencia en previsión de manifestaciones, no pudo intervenir. No estaba. Pasó lo mismo en las demás poblaciones.
Encerrados en el consistorio el juez y parte de la comitiva, la corporación municipal intentó apaciguar los enfurecidos ánimos de los huelguistas. En esta situación el juez sacó una pistola y disparó varias veces contra la población desde el balcón del ayuntamiento. Lejos de dispersarlos, como parecía que era su intención, embraveció aún más los ánimos populares, los cuales acabaron asaltando el ayuntamiento, dando muerte al juez y a su habilitado.
Cullera solo fue una excepción por las luctuosas muertes. Las poblaciones valencianas estaban en pie de guerra. En Carcaixent los manifestantes levantaron las vías del tren, hicieron descender a los reservistas, los alojaron en sus casas, cortaron el telégrafo, levantaron piquetes en la entrada de la población y acabaron quemando la administración de consumos, asaltando el ayuntamiento y quemando su archivo, las dependencias del juzgado municipal y de la Junta de la Acequia.
En Alzira también bloquearon la salida de los reservistas y acabó el motín destrozando la casa del cacique conservador José Bolea y quemando el casino del partido conservador. Acontecimientos similares, como hemos dicho, se sucedieron en una multitud de poblaciones valencianas. Fue la Semana Trágica valenciana. Mientras tanto, la ciudad de Valencia estaba tomada por el Ejército y la Guardia Civil. ¿Levante feliz?

Con la llegada de la Guardia Civil y del Ejército a estas poblaciones, se restableció la calma. También empezaron las detenciones. Y estas fueron masivas. Se detuvo tanto a los supuestos implicados en las revueltas como a los líderes de las sociedades obreras, partidos republicanos y especialmente cenetistas. A todos se les aplicó la Ley de Jurisdicciones, es decir, pasaban a ser juzgados por el fuero militar. Muchos de los detenidos estuvieron meses en la cárcel Modelo de Valencia sin cargos. Los casinos republicanos, las agrupaciones socialistas, las escuelas racionalistas fueron clausurados. Los periódicos opositores a liberales y conservadores tampoco se libraron de la dura represión. El Pueblo y El Mercantil Valenciano sufrieron censuras, multas económicas, registros e, incluso, amenazas de clausura y detención de sus redactores.

Los sumarios contra los detenidos por los «Sucesos» del mes de septiembre se abrieron un mes después. A los detenidos en Cullera, Alzira, Carcaixent y Xàtiva se les aplicó un consejo de guerra. Por supuesto el juicio que más expectación y trascendencia tuvo fue el de los veintidós procesados de Cullera. El juicio se desarrolló en Sueca en diciembre, con esta población y la de Cullera tomadas por la Guardia Civil. La sentencia militar impuso siete condenas a muerte, una a cadena perpetua y las restantes condenas que iban de los doce a veinte años de prisión.
Republicanos y socialistas se movilizaron en contra de las condenas a muerte. El Pueblo y El Mercantil Valenciano abanderaron la causa. Las peticiones de indulto se multiplicaron. Destacados miembros de la cultura se sumaron a las peticiones de indulto: Galdós, Ramón y Cajal, etc. Las peticiones también llegaron de personalidades e instituciones europeas. Los «Sucesos» de Cullera empezaron a ser conocidos a partir de su juicio. La petición de indulto llegó al presidente de Gobierno, el liberal José Canalejas. El Consejo de Ministros indultó a seis de ellos, manteniendo la pena al Xato de Cuqueta. La sombra de Ferrer i Guardia planeó otra vez sobre la opinión pública española. Los republicanos hicieron de este tema una verdadera cuestión. Una comisión de personalidades valencianas pidió audiencia a Alfonso XIII para pedirle el indulto del último procesado. Entre ellos Benlliure, Sorolla, Muñoz Degrain y Morote. El 13 de enero el rey le conmutó la pena de muerte al Xato de Cuqueta por cadena perpetua.
Los «Sucesos» de Cullera quedaron durante mucho tiempo en el recuerdo de muchos cullerenses, de muchos valencianos. Cullera se convirtió en bandera reivindicativa contra la injusticia social, la desigualdad económica y la falta de libertades políticas. Justo es recordar cien años después a aquellos y aquellas que las padecieron y lucharon contra ellas.